El colapso de la ronda de Doha: victoria para los intereses creados
Andrés Mejía-Vergnaud*
El colapso de la Ronda de Doha es una victoria para los ricos de los países pobres, los agricultores de los países ricos, y otros sectores con intereses especiales. Algunos han llegado a decir que este resultado es bueno para los países en desarrollo. La verdad es que, como siempre, los grandes perdedores son los pobres, aquellos que no tienen voz.
John Hilary, Director de Políticas en la ONG británica War on Want, dijo la semana pasada que, de haberse llegado a un acuerdo en las negociaciones, este habría sido muy perjudicial para los países pobres. Sin embargo, la verdad es que, en los últimos 50 años, las negociaciones de la OMC han logrado reducir gradualmente los aranceles y las cuotas para una considerable cantidad de productos. La consecuencia de esto ha sido un incremento en el comercio mundial y en el desarrollo económico.
Sin embargo, de manera misteriosa, casi todas las partes involucradas salieron a decir que este era un buen desenlace. ¿La razón? Todas tienen intereses en hacer que las negociaciones de la OMC no lleguen a buen término.
El acuerdo ideal implicaba un compromiso de los países ricos para reducir o eliminar sus jugosos subsidios agrícolas, a cambio de lo cual los países en desarrollo abrirían sus mercados al comercio. Los países considerados como más pobres serían cubiertos con una exención a este último compromiso, incluso cuando son estos los que más se beneficiarían del comercio.
Pero, para los activistas opuestos al comercio internacional, un acuerdo satisfactorio implicaba que se redujeran los subsidios en los países ricos, pero se permitiera a los países pobres mantener sus propias barreras comerciales, no sólo en agricultura, sino en muchos otros sectores, como la industria, los servicios y, aunque usted no lo crea, los medicamentos.
Desde el comienzo de la Ronda de Doha en 2001, estaba claro que el tema principal de discusión serían los subsidios en los países ricos. Estos causan un gran daño a los agricultores de los países pobres, así como a los ciudadanos pobres de los países ricos. Estos subsidios, financiados con dinero de los contribuyentes, han dado origen a poderosas fuerzas que hacen lobby contra la apertura comercial, en especial en Estados Unidos, la Unión Europea, y Japón.
De manera paralela, también hay fuertes intereses que se hacen sentir en los países en desarrollo. Brasil e India, ambos grandes actores del comercio mundial, defendían la idea de que los países ricos deberían eliminar sus subsidios, y que se permitiera a los países pobres conservar su proteccionismo. Esta actitud, llevada a un extremo de terquedad por parte de Brasil, produjo en 2003 el colapso de las negociaciones del ALCA.
El proteccionismo puede tener, para algunos, un significado emotivo, pero en la práctica este causa el crecimiento de sectores ineficientes a expensas del consumidor, quien podría adquirir de los mercados mundiales productos mejores y más económicos. Generalmente, estos sectores ineficientes influyen en los círculos de poder, de modo que el desmantelamiento del proteccionismo se hace más difícil.
Algunos países europeos se apresuraron a sacar provecho de esta crisis, y no sólo Francia, como es habitual. A los nuevos miembros orientales de la Unión Europea, la organización les otorgó jugosas dádivas. De hecho, los actuales acuerdos de la Unión Europea impiden que se discuta cualquier modificación de la política de subsidios agrícolas antes de 2013. Y el hombre que da la cara por la UE en temas comerciales, el Comisionado de Comercio Peter Mandelson, nunca gozó de un mandato claro de respaldo por parte de los miembros de la UE. De hecho, cualquiera de los estados miembros de la UE podía, en cualquier momento, expresar desacuerdos con la gestión de Mandelson, y descarrilar así todos sus esfuerzos.
De acuerdo con los activistas y las ONG que se oponen al comercio mundial, los países pobres serían los ganadores en este desenlace, pues pueden continuar con sus significativas barreras proteccionistas, especialmente en agricultura. Pero esta política causa que los precios de los alimentos sean artificialmente inflados en estos países, en los cuales, además, hay enormes problemas de malnutrición. Las barreras proteccionistas en sectores no agrícolas tienen un efecto similar. Además, lo peor de este proteccionismo es que lleva a los agricultores de los países pobres a concentrarse en una producción no competitiva y de bajo valor agregado, lo cual alimenta el círculo vicioso de la pobreza.
Estas barreras proteccionistas incluso pueden llegar a tener efectos mortales. Muchos de estos países pobres imponen fuertes aranceles e impuestos sobre los medicamentos importados, lo cual reduce el acceso de la población a las medicinas que necesita para su salud. Y esto ocurre en países con graves problemas sanitarios, en donde mucha gente, especialmente niños, pierde la vida por causa de enfermedades sencillas.
Por supuesto que en este desenlace hay ganadores. Los activistas que predican en contra del libre comercio se han anotado una victoria ideológica. Los políticos han cumplido los compromisos adquiridos con los sectores que hacen lobby. Y los agricultores que se benefician de los subsidios podrán conservar sus privilegios.
Pero los perdedores son los pobres de los países pobres. Estos han perdido una nueva oportunidad de acceder a mejores productos a precios más bajos, y de vender los suyos en el mercado mundial. En verdad, esta es la única manera en la cual la pobreza puede ser definitivamente erradicada.
*Director Ejecutivo del Instituto Libertad y Progreso ILP (andresmejiav@cable.net.co )