Andrés Mejía-Vergnaud
INSTITUTO LIBERTAD Y PROGRESO
www.libertadyprogreso.net
La capacidad humana para incurrir en absurdos parece no tener límite.
Colombia está de fiesta, y por una razón más que justa: en 2007 celebramos simultáneamente el aniversario número 80 del nacimiento de Gabriel García Márquez “Gabo”, y el aniversario número 40 de la publicación de Cien Años de Soledad. Con motivo de esta celebración, una emisora radial preguntaba cuál ha sido el aporte de Gabo a Colombia. Para esa pregunta, cuya respuesta no debería ser sino positiva, tuvimos que escuchar un montón de sandeces.
Decía un oyente, por ejemplo, que él calificaba muy altamente a Gabo como literato, pero “como aporte social cero”. Otros se quejaban de que Gabo no ha financiado hospitales y no ha regalado casas; algunos lo compararon negativamente con otros personajes colombianos como Shakira y Juanes, quienes de manera muy visible han estado involucrados en actividades filantrópicas. ¿Conclusión? Para muchos oyentes Gabo merece ser censurado por no haber hecho suficiente “aporte social”. Es una lástima que los conductores del programa radial cayeron en el juego y se apresuraron a nombrar ejemplos de intervenciones humanitarias de Gabo, cosa que para nada era necesario, pues su aporte a la humanidad, no sólo a Colombia, ha sido inmenso, y ha provenido de su actividad como escritor.
Una respuesta seria y sensata a la pregunta sería esta: el aporte de Gabo a Colombia y al mundo ha consistido en una vasta y excelsa obra literaria, compuesta de novelas, cuentos, crónicas y guiones. La obra de Gabo abrió nuevas puertas en la literatura, y enriqueció de manera sustancial el cuerpo cultural y literario de la humanidad. Al hacer esto, brindó a cada uno de sus millones de lectores horas y horas de disfrute, plenitud y satisfacción; les brindó también una ampliación de sus horizontes y su capacidad de reflexión. Gabo dio a conocer en el mundo la riqueza narrativa de Colombia, y puso a nuestro país en el centro de la literatura mundial. No en vano se han vendido millones de ejemplares de sus libros, y se seguirán vendiendo muchos más. ¿No es esto un aporte suficientemente valioso?
Descalificar a Gabo como buen colombiano sólo porque no se ha involucrado visiblemente en proyectos filantrópicos es un absurdo conceptual, agravado por la grosería, la ignorancia y la mediocridad. En algunos casos, agravado por la perceptible y mezquina envidia hacia la muy merecida fortuna personal de Gabo.
Esta ignorancia consiste también en no reconocer que todas las actividades humanas, pequeñas o grandes, sencillas o complejas, constituyen ellas mismas un aporte social, y quien las realiza hace un aporte a la sociedad por el mero hecho de emprenderlas. Esto queda confirmado por el hecho de que otras personas se benefician de dicha actividad, y deciden poner parte de sus recursos para procurarse sus beneficios. El aporte social del panadero consiste en poner sus habilidades al servicio de los demás para fabricar el alimento que otros necesitan, y mal haríamos en reclamar que, además de eso, debe remodelar hospitales o construir casas. Ahora bien, puede hacerlo si desea, y ese es uno de los grandes atractivos de las sociedades libres: las actividades humanas que sirven a la sociedad generan recursos para quienes las emprenden, y en algunos casos ellos pueden destinar parte de esos recursos para obras filantrópicas.
Hoy por hoy, por ejemplo, se ha puesto de moda hablar de la “responsabilidad social empresarial”, doctrina según la cual una empresa privada, después de brindar a la sociedad los productos y servicios que esta demanda, pagar salarios y beneficios a sus trabajadores, pagar millones en impuestos y otro tipo de contribuciones, fomentar la profundización del conocimiento técnico y la innovación, y aumentar el capital productivo de la sociedad, debería estar también obligada a hacer un “aporte social”, como si ya no hubiese hecho bastante. Ahora, los empresarios pueden hacer aportes filantrópicos; eso siempre es bienvenido, pero desconocer que con la empresa han hecho ya un gran aporte social es incurrir en un grave error de conceptos.