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Discurso del Dr. Tito Livio Caldas en el foro El Sistema Parlamentario en Colombia
29/11/2006

Señores ex-Presidentes Alfonso López Michelsen,

Ernesto Samper Pizano, Sr. Dr. Alfonso Gómez Méndez,

Senadores y Representantes del Congreso Nacional aquí presentes,

Señoras y señores.

 

Me ha distinguido el ex-Presidente Alfonso López Michelsen con el honroso encargo de presentar la sexta edición de “La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas”, ahora en circulación bajo el sello editorial de Legis.

 

Lo primero que he hecho, desde luego, es releer esta obra, pequeña en volumen pero grande y trascendental en contenidos. En sus páginas puede uno apreciar, con asombro y emoción, la importancia de este aporte a la comprensión histórica y doctrinaria del constitucionalismo colombiano, sobre todo considerando la ya lejana fecha en que apareció la primera edición.

 

El profesor López Michelsen, muy joven para aquellas calendas, había escrito antes  su primer libro, intitulado “Introducción al Estudio de la Constitución de Colombia”, producto de los apuntes de un curso dictado por allá en los años de 1941 y 1942, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Un par de años después dictó un curso de verano en la misma Facultad, invitado por su decano, Alberto Zuleta Ángel. De sus apuntes para las exposiciones del curso, el profesor López Michelsen escribió, en las vacaciones de julio-agosto de 1945, “La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas”, cuya primera edición la hizo la Universidad Nacional en l947. Esta admirable producción intelectual, representada en sus dos libros sobre derecho constitucional, nos la brindó el autor cuando tenía apenas 28 o 29 años para su primer libro, y 32 para el segundo. Por eso digo que estas obras causan asombro y emoción, no solo por su altísima calidad y el acervo de conocimientos que ellas representan, sino en consideración a la temprana madurez intelectual del Dr. López.  Sabemos que maneja tres idiomas, pero, a pesar de ello o por ello mismo, nos preguntamos ¿cuándo, en qué forma, cómo lo hizo el joven profesor de aquella época para poder adquirir, analizar y exponer tan sólido caudal de conocimientos? Pues, en efecto, su valioso aporte significó un nuevo y moderno enfoque en el estudio del derecho constitucional colombiano.

 

En la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional fui  alumno del Dr. López.  Hoy lo sigo siendo, siempre agradecido por sus enseñanzas de la cátedra universitaria, y por las que, fuera de cátedra, todos sus admiradores continuamos recibiendo gracias a sus incesantes ejecutorias de estadista, político e intelectual.

 

A diferencia del análisis simplemente exegético, a veces restringido a la mera comparación con las constituciones anteriores, y con escasas referencias a la génesis del constitucionalismo moderno, los escritos de López Michelsen constituyen un aporte esencial para la comprensión del tránsito del feudalismo europeo a las instituciones liberales de la moderna democracia occidental. En ellos podemos ver que este tránsito se cumple no solo por los cambios en los métodos de producción y comercio introducidos por la naciente burguesía, madre del capitalismo, sino porque previa y simultáneamente se debilitaron las monarquías y el papado, y se dio cabida a la Reforma Protestante.

 

“De las tres grandes ramas en que se dividió la Reforma, nos dice López Michelsen, solo el calvinismo adoptó la forma presbiteriana y congregacionalista de organización.

La Iglesia anglicana siguió siendo una iglesia episcopal y jerárquica, semejante en muchos aspectos al propio catolicismo romano, con sus obispos consagrados en una sucesión ininterrumpida desde San Pedro. La Iglesia luterana, bajo la influencia de algunos príncipes alemanes enemigos de toda representación popular, mantuvo la forma de organización episcopal heredada de Roma aun contra la voluntad de los primeros reformadores disidentes en vida del propio Lutero, quien defendió la forma de organización jerárquica”. Concluye López Michelsen: “Cupo a Calvino, el legislador de la Reforma como se le ha llamado con razón, darle estructura jurídica al concepto de una Iglesia sin autoridades distintas de las escogidas por los propios fieles”.

 

Análisis históricos como el anterior son luminosos porque ayudan a comprender, también desde el enfoque de los movimientos disidentes religiosos de las postrimerías de la Edad Media, otros factores importantes que dieron nacimiento y consolidación al constitucionalismo democrático de Europa. Nos iluminan igualmente para entender el vigor de la democracia norteamericana, pues los puritanos ingleses y holandeses, celosamente calvinistas, llevaron sus principios hasta las últimas consecuencias en su colonización de Norteamérica del siglo XVII.

 

El capítulo del libro sobre “El origen consensual de la autoridad” nos proporciona igualmente enorme claridad sobre los aportes del calvinismo en la génesis de la democracia  y su justificación religiosa. No olvidemos que el enfoque religioso, que tenía la fuerza que tienen hoy los partidos políticos, causó un sólido impacto en aquellas mentes medioevales, tan profundamente teológicas. Con gran placer intelectual se leen los capítulos dedicados a “Las Herejías” y a los “Partidos Políticos”, en los que se encuentra un comprensible antecedente presbiteriano de la forma democrática como nacieron los partidos y las estructuras constitucionales. Todo ello imprimió mayor fuerza a la idea por entonces naciente de los derechos naturales, o sea la garantía de la vida, la libertad y la propiedad privada de los ciudadanos. 

 

El ex-Presidente López Michelsen ha sido, sin duda, no solo gran estadista y político sino un pensador e intelectual de la más alta jerarquía, comparable en estas dos últimas facetas a Darío Echandía, otro excepcional pensador y constitucionalista. El propio Dr. López, en su entrevista sobre temas de derecho público concedida al Dr. Juan Manuel Charry, reconoce a Darío Echandía como su principal referente nacional en estas materias, aunque no nos dejara, como es sabido, casi nada escrito de su agudo pensamiento y altísima cultura. No olvidamos, en este momento, que la presente reunión tiene también como propósito honrar la memoria del ilustre tolimense, y que a la preservación de su legado se dedica con gran vigor la Corporación Darío Echandía, dirigida por Alfonso Gómez Mendez, eminente jurista, destacado servidor público, y quien además es paisano del mencionado prohombre liberal.

 

No quiero terminar esta exposición sin hacer mención a la histórica sugerencia que formuló el ex-Presidente López Michelsen a los ciudadanos de Colombia cuando, en su columna de prensa del 8 de febrero del 2004, bajo el título de “El descubrimiento del agua tibia”, criticó nuestro inoperante sistema presidencialista, con la experiencia de quien lo ha ejercido y sufrido, y se declaró a favor del sistema parlamentario. En su siguiente columna, “Colombia, víctima del sistema presidencial”, expresó la conveniencia, que ya es imperiosa necesidad, de que nuestro país adoptara el sistema dual de gobierno, posición que, finalmente, en una tercera columna de prensa amplió y ratificó.

 

Esta trascendental sugerencia fue tomada por el grupo de intelectuales y politólogos liberales que integramos el Instituto Libertad y Progreso de Bogotá. Así se dio origen al lanzamiento, en julio de 2004, del primero y tal vez único libro colombiano que presenta de manera comprehensiva las ventajas del sistema parlamentario y los desastres del presidencialismo en Colombia. Es oportuna la ocasión para recordar lo que dijimos los autores de este libro en la nota introductoria: “El régimen presidencial contiene en sí mismo todos los incentivos y los mecanismos para lograr que la democracia se corrompa progresivamente. Es la propia estructura del régimen presidencial la que causa que los partidos políticos pierdan relevancia, que el caudillismo y el personalismo florezcan y prosperen, que no se ejerza con propiedad la oposición, que no existan políticas serias de largo plazo, que el elector atienda más al carisma de las personalidades que a ideas o programas y, finalmente, revistiendo la mayor gravedad, que la relación entre el presidente y el congreso se establezca y funcione como un odioso comercio de favores legislativos y burocráticos”.

 

La experiencia actual de Colombia demuestra que ni aun con la nueva legislación sobre bancadas, ni con la caudalosa votación casi sin precedentes del uribismo, marchan bien las relaciones entre el Congreso y el ejecutivo, hasta el punto de que la gobernabilidad de Colombia se encuentra en un atascamiento crítico. Lo mismo está sucediendo en México (¡pero de qué manera!), Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia y, quien lo creyera, en el propio Estados Unidos, inventor del sistema presidencialista. Por eso, asumiendo la vocería del grupo de politólogos, que no políticos, del Instituto Libertad y Progreso, centro de pensamiento liberal, no vacilo señalar la urgente necesidad de convocar a una asamblea constituyente para la adopción del sistema parlamentario de gobierno en Colombia. Así también nuestro país tomaría el liderazgo de la modernización democrática en América Latina.

 

No sobra advertir que el parlamentarismo no tiene color político, y por tanto no puede situarse en el centro, ni en la izquierda, ni en la derecha, pues no es más que una estructura operativa de gobierno sin contenidos ideológicos. El lugar de estos contenidos está en los programas políticos de cada partido. Esta es, pues, una bandera nacional, ajena a partidos, clases, ideologías e iglesias.

 

 

Tito Livio Caldas

 

Conferencia leída en el Gun Club, durante el foro “El Sistema Parlamentario en Colombia” (Bogotá, noviembre 30 de 2006).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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