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Elecciones en Estados Unidos: panorama para el TLC por Andrés Mejía Vergnaud
08/11/2006

PUBLICADA EN PORTAFOLIO, NOVIEMBRE 8 DE 2006

“Es difícil concebir un resultado en las elecciones de noviembre que haga que los acuerdos comerciales sean aprobados más fácilmente”. Con esta lacónica y pesimista frase, el experto en comercio exterior Dan Griswold, del Cato Institute, resumió a finales de octubre para CBS Market Watch lo que parece ser materia de consenso entre sus colegas: el ambiente político en Estados Unidos es cada vez más difícil para el libre comercio, y los resultados de las recientes elecciones no harán más que incrementar esas dificultades. El profesor Douglas Irwin se manifestó en un tono similar: “sospecho que lo que veremos en los próximos dos o tres años será una suerte de hibernación”.

 

Ahora bien, tras conocerse los resultados en las elecciones, en particular la significativa victoria demócrata en la Cámara de Representantes, estos temores empiezan a cobrar vida. Para Colombia está en juego la ratificación del TLC, al igual que para Perú. Por lo menos Perú puede mostrar a su favor el haber ratificado de manera muy decidida el TLC en su propio Congreso, cosa que no podemos mostrar los colombianos, siempre amigos de discutir mucho y avanzar poco.

 

Ahora bien, en un primer examen de estas elecciones no es fácil percibir un riesgo inmediato para el libre comercio, pues este tema no formó parte de la agenda electoral, dominada sobre todo por la guerra en Irak. Los temas económicos y de política interna aparecieron, aunque con un perfil más bajo, y muchos de ellos fueron tratados a través de referendos locales en los estados.

 

Sin embargo, lo más probable es que las dificultades para la celebración y la ratificación de acuerdos comerciales empiecen a aparecer en el curso de los días, luego de que el nuevo Congreso asuma sus funciones a principios de 2007.

 

En primer lugar, porque el terreno ya está abonado para tales dificultades: incluso muchos republicanos habían empezado a mostrarse hostiles hacia la apertura comercial. La principal razón política para esta actitud es el creciente miedo que en Estados Unidos se tiene a las importaciones chinas, y al desplazamiento de ciertos empleos hacia economías en desarrollo. Este miedo, que empezó en el ámbito de los trabajadores industriales, se ha extendido ya incluso hacia empleados de más alto nivel. De hecho, en algunos distritos, los candidatos republicanos atacaron a sus contendores demócratas con el argumento de que estos no eran lo suficientemente duros frente al comercio con China. Esto, sumado a la difícil experiencia del CAFTA, nos muestra que ni siquiera una mayoría republicana habría garantizado una ratificación nítida y veloz del TLC.

 

Por otro lado, si bien es cierto que no todos los demócratas que resultaron elegidos pertenecen al ala izquierda del partido, sí es claro que algunos miembros de dicha facción, en especial la representante Nancy Pelosi, asumirán posiciones de liderazgo que le otorgarán a su grupo un alto perfil en el trabajo del Congreso. Se da como un hecho que la mencionada representante, considerada como una de las congresistas más alineadas hacia la izquierda, asumirá el cargo de vocera (Speaker) en la Cámara.

 

Y estas dificultades aumentan gracias a la pobre condición en que se encuentran hoy las negociaciones de la OMC, pues por ahora no hay posibilidad de que los avances multilaterales se conviertan en un factor de confianza y liderazgo que empuje al Congreso de Estados Unidos a superar sus temores.

 

Es claro que, frente a un panorama como este, el futuro de nuestro TLC no está garantizado. Tenemos la esperanza de que los demócratas eviten cometer el error histórico de dar la espalda a Colombia, en medio de las dificultades regionales creadas por el izquierdismo radical, el terrorismo y el narcotráfico. Y tal vez un milagro de último minuto permita que el TLC sea enviado al Congreso antes de terminar el año, y sea aprobado. Pero de lo que ocurra sólo somos culpables nosotros mismos, pues dilatamos hasta lo impensable la negociación para apaciguar a unos cuantos sectores de privilegiados. Seguimos prefiriendo los discursos y las discusiones a los resultados concretos.  

 

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