Ante la insinuación de un columnista de que Estados Unidos ha cometido en Irak crímenes peores que los perpetrados por el régimen de Kim Jong Il, nuestro cofundador Antonio José Núñez responde con este interesante artículo, publicado originalmente en Semana.com
El sentido de las proporciones
Antonio José Núñez Trujillo*
En su columna “¿Son de izquierda los comisarios comunistas?”, publicada en la edición 1234 de Semana, el columnista Héctor Abad afirma que “el hecho de que Bush cometa crímenes a gran escala no debe cerrarnos los ojos sobre los horrores en menor escala que se producen, digamos, en Corea del Norte o en Cuba. Apoyar a Bush es tan vergonzoso como apoyar a Castro…”.
Buena idea: comparemos los dos grupos de horrores, y verifiquemos quiénes delinquen en mayor escala. Pensemos apenas en daños a la vida e integridad de las personas. Aunque no hay un conteo oficial del número de muertos civiles en Irak, en Internet aparecen cifras de 15.000 a 50.000 desde marzo de 2003 hasta la fecha, y eso en páginas de organizaciones opositoras del gobierno estadounidense. Estas cifras seguramente incluyen masacres propiciadas por chiítas o sunitas contra sus contrarios, y de las que difícilmente se puede responsabilizar a los Estados Unidos. En ese mismo período, según la BBC, habrían muerto 2 millones de personas en Corea del Norte en una hambruna provocada por la incompetencia de la dictadura estalinista y aprovechada por ésta para controlar a la población sobreviviente, a pesar de que ese país recibe más ayuda alimentaria que cualquier otro del mundo. Según Amnistía Internacional el 70% de la población de Corea del Norte (que en total son 23.7 millones) subsiste con raciones de 250 gramos diarios que el Estado distribuye. Recordemos que en Auschwitz la dosis diaria de un prisionero era teóricamente de 350 gramos de pan, medio litro de sustituto de café y un poco de sopa de papa o nabo. Hay numerosos testimonios de refugiados norcoreanos que hablan de instancias de canibalismo, como en Ucrania en tiempos de la colectivización. Todo esto ha tenido consecuencias sobre la integridad corporal de las personas. Según el Observer de Londres un hombre norcoreano mide en promedio 5.9 cms. de estatura menos que un surcoreano. La esperanza de vida en Corea del Norte era en 2002 de 67.2 años, 5 años menos que en 1992.
Mientras encogía a su población mediante el hambre y el terror, el gobierno de Kim Jong Il (el “Líder Querido”) gastó gran parte de su presupuesto en procurarse armas nucleares y mantener alimentados a sus generales. En Corea del Norte hay alrededor de 200.000 prisioneros políticos (según cita de la BBC), o poco menos del 1% de la población. Según informa Reporteros Sin Fronteras, en Corea del Norte (el mayor violador de la libertad de prensa en el mundo) los radios no tienen dial, sino que vienen pre-sintonizados a las estaciones gubernamentales (esta fue una invención de los nazis con sus famosos radios Volksempfaenger). Y se trata de una dictadura totalitaria que ha logrado convertir a uno de los pueblos más ahorradores e industriosos del mundo en un montón de pordioseros famélicos, y ello a cambio de nada salvo la perspectiva de que las cosas empeoren, y que de pronto terminen en un holocausto nuclear.
En cambio la intervención de Estados Unidos en Irak retiró a uno de los peores dictadores del mundo, Saddam Hussein, responsable de la larga guerra con Irán, que (según The Economist) causó un millón de muertes, y de la muerte de no menos de 300.000 iraquíes, incluyendo 100.000 kurdos. Si el intento de llevar la democracia a Irak funcionara bien, ése sería apenas el segundo país del medio oriente (fuera de Israel) en alcanzar esa distinción, y un ejemplo importante para los demás. Y conste que nada de lo dicho depende de que las razones dadas para la invasión de Irak fueran o no veraces o de que ciertos intereses económicos americanos se hayan visto o no beneficiados con ella.
Las acciones de Corea del Norte para con su propia gente (esencialmente malignas y tan irredimibles como las de Stalin o Pol Pot) y las de Estados Unidos en Irak (básicamente benignas aunque seguramente ilusas y a veces incompetentemente implementadas) pertenecen a dos universos morales distintos, con diversos órdenes de magnitud en cuanto a sus resultados. Afirmar lo contrario y llegar a acusar al gobierno de Estados Unidos de ser un criminal “a mayor escala” que el de Corea del Norte (o Cuba, de la que se podrían decir cosas parecidas), no es sólo un error de hecho, empíricamente comprobable. Simplemente sugerirlo implica una cierta ceguera moral, y percatarse de ello no requiere que a uno le caiga bien George W. Bush. Quien dicho sea de paso, es mucho más digno de apoyo que Fidel Castro, por lo menos porque el origen de su investidura es la democracia electoral más antigua del mundo y no una dictadura de partido único subsidiada por intereses foráneos. ¿O cuándo dejó de importar eso?
Para criticar a los mamertos y condenar el secuestro, como bien lo hace Abad, no son necesarios argumentos tan sofísticos. Basta con mantener el sentido de las proporciones.
* Abogado, profesor universitario, cofundador del ILP